La Asociación de Caballeros del Pilar de Zaragoza ha cumplido 84 años
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Aún quedan medias horas para velar a la Virgen
Los caballeros del Pilar se comprometen a velar a la Virgen ante su altar durante media hora al mes; cada cual escoge el día y la hora de su vela. Es una asociación fundada en 1928 a imitación de la de las mujeres, la Corte de Honor de las Damas del Pilar, que data de 1921. Además de esta media hora al mes, se obligan a difundir el culto a la Virgen. Cada vela es diferente.
MARIANO GISTAÍN
En este momento del mundo, cuando en cada cabeza ebulle una bomba atómica y el alma es una calculadora que no cesa, no es fácil arrodillarse treinta minutos y sosegar el ánimo: rezar, estar con la Virgen, escucharla, pedirle.
No hay dos velas iguales. A veces te parece que la Virgen no te atiende, que está demasiado ocupada. A veces rezas rutinariamente, como una máquina. Quieres mirar el reloj y se te encasquillan las rótulas, o te sientes flotar en su manto y la media hora se te pasa volando. Recuerdas que la Virgen vino a Zaragoza en carne mortal en el año 40 cuando solo había siete creyentes con el apóstol Santiago a orillas del Ebro. Hay velas llenas de revelaciones y otras en las que tu mente rebota por todas partes.
Por el Pilar pasan miles de peregrinos y turistas cada día, siempre hay actividad. En los huecos que deja el culto los Infanticos acercan a los niños a besar el manto. Nadie quiere irse del templo sin llevarse a la Virgen en su móvil, una estampa, una cinta. En medio de ese trasiego de súplicas y flashes, los caballeros y las damas velan sus medias horas y cuando acaban su turno trazan una cruz en el listado que cuelga del reclinatorio. Cada trimestre el secretario de la asociación envía un informe: la estadística del fervor refleja también los huecos, las medias horas en las que nadie acompaña a la Virgen. En el boletín trimestral se pide que se hagan más velas, más apostolado, más amor: cuando los reclinatorios están vacíos parece que de nuevo solo quedan los siete fieles que acompañaban a Santiago cuando vino la Virgen.
El día 12 de cada mes se celebra una misa especial en la que se nombra a los nuevos caballeros y damas y se les entrega la medalla que han de llevar en sus velas, el carné de socio. Los caballeros disponen de dos reclinatorios en primera línea. Hay socios de toda edad y condición. Unos llevan zapatos viejos y otros van con abrigos caros. Hay ancianos y jóvenes. Los reclinatorios tienen un asiento desplegable por si fallan las fuerzas.
El caballero Feliciano Agesta insiste a sus amigos no creyentes para que vayan y le pidan a la Virgen del Pilar lo que necesiten, que ella se lo concederá. No les dice que crean, sino que vayan a pedirle. “Los caballeros somos los mayores pedigüeños”, dice un veterano. Hay socios que han pasado veinte años sin cumplir su vela y un buen día se acercan al reclinatorio y se postran ante la Virgen. Los hay que no han fallado nunca. La fe es un misterio: Feliciano sabe que si alguien se acerca a ver a la Virgen sin creer en nada ella le otorgará lo que le pida, incluyendo la fe: es un método infalible de apostolado.
Los caballeros disponen de un pequeño despacho en la basílica. La asociación pide voluntarios para hacer turnos y atender a los socios, a los candidatos y a los devotos. Esta burocracia está llena de amor: cuando alguien nombra a la Virgen, a los caballeros se les iluminan los ojos y empiezan a contar su experiencia, su historia de peticiones atendidas. Las paredes de ese despacho atesoran el archivo infinito de los milagros de cada día.
Bendita y alabada sea la hora…
En octubre de 2011 la asociación de Caballeros del Pilar de Zaragoza contaba con 2.783 miembros, siete más que en enero. Cumplieron 515 velas a la Virgen de las 1786 posibles (todas las medias horas que el templo permanece abierto) y se habían comprometido a 902. También hay caballeros que hacen velas extras y no las consignan en las estadísticas: “se quedan entre la Virgen y yo”. La presencia de la Virgen en carne mortal, cuando aún vivía, es la única “venida” en la historia que no es una aparición. La Virgen entregó a los devotos el pilar y les dijo: “permanecerá en este lugar hasta el fin del mundo, y nunca faltarán en esta ciudad fieles adoradores de Cristo”. Como dice Feliciano: “ven, pide y verás cómo te lo concede”.
http://www.basilicadelpilar.es/cortedehonor.htm. www.caballerosdelpilar.com